EL CORREO FLUVIAL EN COSTA RICA A FINALES DEL SIGLO XIX

Luis Fernando Díaz

          Costa Rica no solo es un pequeño país de apenas un poco más de 50 000 Km2 de territorio, sino que su topografía es abrupta y montañosa, tanto así que en cortas distancias, apenas unos pocos centenares de metros, las elevaciones se proyectan violentamente formando conos volcánicos y cadenas de cordilleras que alcanzan con facilidad los 3000 metros sobre el nivel del mar.
          Por eso, las vertientes fluviales o grandes cuencas, que son unas cuatro o cinco principales, recogen los ríos de las montañas y escasamente encuentran espacio para recorrer, en sus tramos finales, angostas llanuras y cortos estuarios. Como conclusión, podría decirse enfáticamente que en este país centroamericano no existen ríos navegables. Además, los ríos no son profundos y sirven más bien como grandes coladeros de sedimentos que bajan de las montañas e impiden que, salvo por botes y barcazas de poco calado, la navegación sea un negocio prohibitivo para vapores u otros servicios. En cambio, Guatemala, que es igual de montañoso, cuenta con más de 1000 Km navegables por pequeños vapores, y en Nicaragua, tan solo el río San Juan es navegable en la totalidad de los 200 Km de su curso.
          Sin embargo, en toda Centro América y en Costa Rica también, a finales del siglo XIX, cuando todavía no existían caminos ni ferrocarriles que comunicaran las zonas más lejanas, algunos cortos tramos de ciertos brazos, especialmente en los deltas bajos, sirvieron para facilitar el transporte de los bienes del comercio y, por supuesto, algunos de los servicios de comunicación, incluido el correo.
          En las llanuras del norte del país, donde hoy prosperan medianas explotaciones agrícolas y algunas pujantes ciudades y desarrollos turísticos, se encuentran tres ríos el Frío, el San Carlos y el Sarapiquí con casi 70 Km navegables entre ellos. Pero, dada la escasa población, en el Siglo XIX solo se utilizaron por excepción. Las poblaciones de entonces, homónimas de los ríos San Carlos y Sarapiquí, tenían, de acuerdo con el Censo de Población de 1892, apenas 301 y 471 habitantes, respectivamente. En el otro extremo, en el Sur del país, en Talamanca, mirando hacia el Caribe, se encuentra el río Sixaola, al que se le atribuyen 10 Km navegables, pero su área de influencia era comarca de población aborigen, cuyos habitantes no estaban integrados a la economía nacional y no hablaban el idioma español. De los 1835 pobladores registrados en el Censo de 1892 solamente unos treinta sabían leer y escribir, y estaban dispersos en un territorio de unos 10 000 Km2 en el cual se mantuvieron aislados, hostiles y muchas veces menospreciados por más de setenta años.
          En el Sur también, pero en la cuenca Pacífica de la Cordillera de Talamanca había otra población autóctona importante, con unos 600 habitantes en los poblados de Buenos Aires, Boruca y Térraba. Estos grupos eran los descendientes de los constructores de las magníficas esferas de piedra tallada que se encuentran distribuidas en los llanos de Palmar o Diquís, por entre los meandros del río Grande Térraba. A pesar de llamársele “grande”, este río cuenta con escasos 14 Km navegables, desde la doble desembocadura en el delta hasta cerca de la actual Ciudad Cortés, que por muchos años se conociera como Puerto Cortés. Sin embargo, a finales del Siglo XIX es casi seguro que la comunicación de estos territorios con el resto del país y con el mundo se realizara primero por vía fluvial y luego por cabotaje. Existen algunos registros incluso orales que cuentan como desde la ciudad puerto de Puntarenas salían regularmente vapores que recorrían la costa llevando y trayendo mercancías, especialmente productos agrícolas entre las poblaciones costeras, donde hoy quedan  Tárcoles, Quepos, Dominical y La Uvita. Pero no existe registro efectivo de que la correspondencia de la época fuera transportada en dichos vapores. Un matasellos de época de estos territorios se considera hoy una rareza.

Figura 1
Figura 1. Esfera de piedra, granito. Diquís. 200 d.C. Emisión América UPAEP: Pueblos precolombinos-usos y costumbres, 1989

Figura 2
Figura 2. Sello de hule de la “Agencia Principal de Policía” –usado para cancelar en el territorio boruca– sobre el 5 centavos de 1892 (primer tiraje). Reportado por Juan Reinoso, Costa Rica Filatélica 105 (Diciembre 2001).

          De manera que las evidencias de correo transportado por río se reducen a un par de regiones que contaban con peculiaridades que podrían caracterizarlas como “sistemas fluviales”. Se trata, en el Pacífico, del Golfo de Nicoya, el río Tempisque y su principal afluente el Bebedero; y en el Caribe, de los canales de Tortuguero y los ríos Reventazón, Parismina, Colorado y Tortuguero.
          El Golfo de Nicoya es una depresión grande y es un hábitat rico no solo para numerosas especies marinas y terrestres, sino para el hombre, pues es recurso fecundo para la pesca y la recolección de moluscos, y feraz para la siembra de frutas y otros vegetales. En la época del cabotaje, en los años que abarcan estas notas, había ya varias islas habitadas (Chira y el Presidio de San Lucas, entre ellas) y numerosas poblaciones en la costa: Lagartos, Jicaral, Lepanto, Punta Morales, Tambor, Curú; o muy cerca de ella: Barranca, Abangares, Chomes.
          La distribución de esa población y su vida económica, especialmente la pesca, hacía del Golfo un hervidero de actividad. Los vaporcitos subían y bajaban constantemente y se internaban en el río más importante del Golfo y de la región de Guanacaste: el Tempisque, cuya cuenca tiene una extensión superior a los 3500 Km2 incluyendo lo que hoy son las ciudades de Santa Cruz, Liberia y Filadelfia. El Tempisque cuenta con unos 15 Km navegables y sobre él se encuentran los puertos Bolsón, Ballena y Humo, así como las poblaciones de Filadelfia, Paso Tempisque, Guardia y Comunidad. En 1892, el eje fluvial Bolsón-Filadelfia era importante: las dos poblaciones juntas alcanzaban la suma de mil habitantes.
          La subcuenca más importante de este sistema la forma el río Bebedero que aporta 6,5 Km navegables desde que desemboca en el Tempisque. En Bebedero hay dos poblaciones, una en cada ribera del río. La del norte pertenece al municipio de Bagaces y la del sur al municipio de Cañas; la primera contaba en 1892 con 189 habitantes y la segunda con 163. Pero la más importante actividad del puerto de Bebedero era la misma actividad portuaria, ya que esa era la principal y muchas veces única puerta de entrada al “territorio de conquista” de la época: el Guanacaste.
          Los vapores, incluyendo vapores correos bajaban el curso de ambos ríos, el Bebedero y el Tempisque y comunicaban así todo el territorio con el Golfo de Nicoya y con su principal ciudad: el Puerto de Puntarenas. Cabe ahora recordar que es en esos años de finales de siglo cuando Puntarenas, en el Pacífico, se abre hacia Puerto Limón, en el Atlántico, mediante la construcción del ferrocarril que pronto se constituiría en fundamental vía interoceánica.
          El correo fluvial de la época es casi desconocido. Se sabe que existía e incluso se ha guardado el recuerdo del nombre de alguno de los armadores de los pequeños vapores. Incluso se ha documentado la existencia del servicio, gracias a la acuciosidad de Fred O’Neill. Al respecto, este autor afirma:
          “A partir de julio de 1873 el Gobierno estableció un servicio regular de transporte de la correspondencia entre Puntarenas y Bebedero, por vía fluvial… todo el servicio quedó bajo el mando y responsabilidad del Administrador de Correos de Puntarenas” (O’Neill, 1998:4)
Lo que se consolida, como vale, para los años bajo consideración en este artículo, mediante la ejecución presupuestaria:
          “En el Presupuesto de Gastos de la República para el año 1893, aparecen: plaza del posta de Bebedero a Liberia, posta de vapores a Puntarenas y una subvención al contratista Alberto Fait, según convenio de 29 de julio de 1890 para la explotación de los vapores correos.” (O’Neill, 1998:6)
          Pero las poblaciones eran pequeñas, poca gente sabía leer y escribir y las razones para comunicarse por escrito eran menores entre la población de este territorio que la de otros, con otros orígenes –más urbanos, más cosmopolitas y con mayor influencia europea– en su colonización. James A. Quigley, al comentar la historia postal de la zona, escribió:
          Bebedero… “era una de las terminales de la línea de pequeños vapores que conectaba al aislado Guanacaste con el resto del país. Dos pequeñas lanchas transportaban el correo… No sé si en los botes viajaban empleados postales, pero si lo hacían, una cancelación preciosa –a gem cancel– sería uno de esos ‘vapores’…” (Quigley, 1968).
          En la figura 3 se muestran los dos matasellos conocidos o reportados que registran el nombre de “vapores correos en el bebedero”. Las estampillas en que se han visto son del valor de 2 centavos de la emisión de escudos de 1892. Esto es así no solo porque es un valor en el que las marcas se aprecian muy bien, sino porque 2 centavos era un porte común para cartas abiertas, facturas y otra correspondencia comercial y tarjetas de visita o condolencias.

Figura 3
Figura 3. Matasellos de los vapores correos en el Bebedero.

          Podría esperarse que por el otro brazo, por el Tempisque mismo, por ser más grande y más importante navegaran más vapores, se ofrecieran más servicios y abundara más el correo. Pero la verdad es que las cartas son muy escasas y las cancelaciones solas indican muy poco sobre la ruta seguida por la correspondencia. La carta que se muestra en la figura 4 exhibe los sellos de tránsito en Puntarenas y San José y se aprecia, debajo de la estampilla de 10 centavos de 1892 y de la cancelación de San José, una tenue marca de Filadelfia. Esta carta, de Filadelfia a Puntarenas, solo pudo haber viajado en vapor, ya fuera que lo abordara en Bolsón, ya más arriba en el cauce. Luego al salir por la desembocadura del Tempisque, el vapor circulaba entre la costa y los islotes hasta llegar al muellecito del Estero en Puntarenas

Figura 4
Figura 4. Sobre circulado de Filadelfia a Connecticut (USA) vía Puntarenas y San José. Casi con certeza puede afirmarse que fue transportado por el Tempisque, ya desde Filadelfia, ya desde Bolsón hasta Puntarenas. La cancelación oval Filadelfia apenas se aprecia bajo la estampilla de 1892.

          El segundo sistema fluvial importante para la navegación y el comercio consiste de un complejo de canales que nace desde que el río San Juan y el rio Colorado se juntan en la frontera de Nicaragua y forman el delta que desemboca en el Caribe. Allí entre el río San Juan y la Barra del Colorado y los canales del Tortuguero se encuentra la isla más grande de Costa Rica, la isla Calero que mide más de 150 Km2. En esa zona, hace alrededor de 150 años, ocasionalmente se instalaba una delegación del Resguardo Fiscal o de Aduanas de Costa Rica. En ella, la extensión navegable de los ríos, sin incluir el brazo del San Juan, puede ser de unos 30 Km.
          El correo que despachaban o recibían los militares destacados en ese puesto seguía un escabroso viaje que combinaba el transporte por ferrocarril hasta Matina, luego a pie o a caballo hasta el río Parismina y luego en bote por los ríos y los canales, aunque en algunos segmentos, por temporadas, había que continuar a pie. A veces el correo no lograba alcanzar a su destinatario, quien sufría traslados de destino más rápido que el servicio postal, como se aprecia en el sobre que se ilustra en la figura 5.

Figura 5
Figura 5. Sobre con el porte básico de 5 centavos dirigido a Buenaventura Vindas, guarda fiscal en Matina, reenviado luego a la Barra del Colorado. Muestra la cancelación de salida de Puntarenas el 18 de junio de 1899 y las marcas de devolución de Limón y San José en julio siguiente. La marca en acero de Matina atestigua el reenvío de ésta a la Barra del Colorado.

          En la Barra del Colorado y en el sector de Palo Seco (en la margen costarricense del río San Juan) se establecieron esporádicamente campamentos de los oficiales de las compañías que tenían como objetivo habilitar-rehabilitar el servicio del canal interoceánico por la ruta del Desaguadero y el lago de Nicaragua. Destacan entre ellos, por su abundante correspondencia, los hermanos Moritz y Lester Bernstein, quienes usaron los más variados servicios postales provistos por Nicaragua. De sus cartas enviadas entre 1897 y 1901, West enumera 5 originadas en Costa Rica. Sin embargo, en su lista no aparece la que se muestra en la figura 6. Esta es la única conocida con sellos de correo y cancelaciones postales de Costa Rica y se puede afirmar que desde la Barra del Colorado debe haber seguido una ruta similar a la carta que se identifica como figura 5. En esa época, en todo el sector de Matina, incluyendo la Barra del Colorado, la población era de 633 personas.
          Esta carta fue escrita el 7 de agosto de 1898 en el campamento de la Barra del Colorado y viajó buena parte por río hasta Matina donde fue depositada en el vagón correo del ferrocarril (Northern Railway Co.) y matasellada con el “Ambulante B” apropiado. Sobre si las estampillas fueron provistas en el vagón correo o compradas en la Barra del Colorado solo cabe especular. En 1898 ya circulaba el tercer tiraje de los sellos de cinco centavos, por lo que puede suponerse que se trata de un remanente de sellos del segundo tiraje, pero pudo ser igual en el servicio Ambulante que en la Barra del Colorado o incluso en Matina. El 20 de agosto la carta se recibió en Limón, el 28 en New Orleans y el 30 del mismo mes en Philadelphia.

figura 6
Figura 6. Sobre con porte básico al exterior (10 centavos) formado con dos sellos de cinco centavos del segundo tiraje. Se trataba de una carta de uno de los hermanos Bernstein a su padre Walter Bernstein, en Philadelphia, USA.

Colofón
          Ante la escasez y casi ausencia patente de material sobre este tema en este y en periodos históricos cercanos, caben dos observaciones –paradójicamente– contradictorias. La primera sugiere que el tema es interesante y posiblemente relevante, que es conveniente buscar más material y más información y que, como resultado, sin duda, se enriquecerá la historia postal de Costa Rica y de Centro América en un periodo crítico de la formación de las nacionalidades y de la conquista de los territorios de la frontera agrícola. La otra observación es que, precisamente, la escasez de material confirma la poca importancia que tenía el servicio postal fluvial. Podría pensarse que es un objeto bastante trivial y que la muestra aquí ofrecida solo tiene carácter anecdótico. Pues bien, cualquiera de ellas puede servir como conclusión. Porque la pequeña búsqueda que ha conducido a estas líneas confirma, por encima de todo, el carácter lúdico, deleitable y sensual que provee el pasatiempo. Incluso la investigación histórica filatélica, que parece en ocasiones algo tan serio, es una construcción con propósitos más trascendentes, algunos íntimos, como la estructuración del ocio por medio del esparcimiento y el gozo; otros en función de la difusión de la afición, típicamente su misión pedagógica y formativa.

Referencias
          Costa Rica, Ministerio de Economía Industria y Comercio (1974). Censo de Población 1892, San José: Dirección General de Estadística y Censos, Edición facsimilar del original impreso en San José: Tipografía Nacional, 1893.
          O’Neill, Fred (1998) “Los vapores correos al Guanacaste”, Repertorio Filatélico Costarricense, setiembre 1998: 213, San José.
          Quigley, James A. (1968). “A gem cancel”, The Oxcart, VIII 2(30), June 1968, USA: SOCORICO.
          Vargas Ulate, Gilbert (2006). Geografía de Costa Rica, San José: EUNED.
          Welch, Bill (1999). “Looking for Hollenbeck”, Nicarao (Philatelic Journal of the Nicaragua Study Group) XVI: 4, October 2007, 3 (reprinted from the American Philatelist, February – 1999).
          West, Neal et al (2007). “The Bernstein brothers correspondence from the 1897-1901 Nicaraguan Canal Survey”, Nicarao (Philatelic Journal of the Nicaragua Study Group) XVI: 4, October 2007, 5.