SANTA FE
(GRANADA, ANDALUCÍA, ESPAÑA)

          Situada a 760 metros de altitud y con un término municipal cuya  extensión  es de 38,5 km2 , Santa Fe se encuentra en el centro mismo de la Ayuntamiento de Santa Fevega granadina. Desde cualquier punto de su territorio, la contemplación de Sierra Nevada y de las tierras de cultivo, especialmente las típicas choperas, proporciona a sus caminos y accesos unas vistas incomparables. Está regada su fértil vega por las aguas del Genil, que recorren el término de este a oeste, repartidas en múltiples acequias de una red que data de la época musulmana. Las feraces huertas se ven complementadas por un extenso terreno de secano  donde se cultivan cereales y cubierto además, en buena parte, por olivares y bosquecillos de pinos.
          Su proximidad a Granada (no más de 10 km.) ha hecho de ella una ciudad beneficiada. La bondad de su clima, la tanquilidad, la belleza de sus paisajes, la cercanía y las buenas comunicaciones la están convirtiendo en lugar de primera o segunda residencia para muchos granadinos. Cuenta con una población de 15.000 habitantes y se ve favorecida por el hecho de encontrarse en un nudo de comunicaciones que, a través de la A-92 conecta Málaga y Sevilla con Granada, Jaén, Madrid y todo el Levante español.
          Es en el terreno urbanístico donde quizá se encuentran sus características más peculiares. El casco antiguo está dispuesto a modo de campamento romano, con dos calles que se cruzan en el centro dando lugar a la Plaza de Armas (hoy de España): el Cardus Maximus (calle Real) y el Decumanus (eje Cristóbal Colón-Isabel la Católica). Y a los extremos da cada una de ellas, una puerta que fue la que cerraba, en su momento, el recinto amurallado. Una estructura típicamente militar, dados sus orígenes, como veremos. Sin embargo, la cruz griega que conforman estas dos calles principales no es regular ya que, al su,r la calle Isabel la Católica se alarga más y es cortada en perpendicular por la Calle Larga, paralela a la Calle Real.
          La disposición inicial pervivió gracias a la intervención de Carlos III, que mandó cegar las fosas que se disponían alrededor de la muralla –las llamadas “cavas”- por motivos de salubridad pública, decisión ésta que permitió el mantenimiento del trazado original intacto. El plano de Quintillán, hoy en el Archivo Histórico Municipal de Santa Fe, es una de las pocas representaciones de la planta de la ciudad que nos han quedado, junto con la del Catastro de Ensenada del Archivo de la Real Chancillería de Granada, aunque ésta mucho más simple y esquematizada. La trascendencia que esta traza tendría luego en las ciudades creadas en el Nuevo Continente, muchas de ellas de corte vitrubiano, resulta incuestionable. La evolución posterior de la ciudad ha sido más irregular, con calles en torno a la primitiva disposición pero sin demasiado orden. Tan sólo frente a la ermita del Cristo de la Salud se abrió un paseo de tipo romántico (hoy Avenida de la Hispanidad) que parte de la Puerta de Granada como especie de prolongación de la Calle Real., algo  muy propio del siglo XIX.
Calle Real de Santa Fe          La historia de Santa Fe discurre paralela a la Historia Moderna española. Es en la guerra para la  conquista de Granada cuando los Reyes Católicos, en 1483, instalan su campamento provisional en una zona llamada Ojos de Huécar, junto a la Alquería del Gozco, situada en las cercanías del río Genil. Sin embargo, en 1491 deciden poner fin a la campaña y erigen el campamento de barracones y trincheras a la vista de los musulmanes en el centro justo de la vega. El 14 de julio del mismo año es destruido por un incendio. Es entonces cuando los Reyes deciden construirla en piedra y argamasa, construcción también motivada por la necesidad de mostrar a los nazaríes granadinos la fuerza y el empeño de los monarcas en la conquista de la plaza. La presencia de cerca de 60.000 soldados, que constituían el ejército cristiano, debió de ser factor de decisiva importancia psicológica para los sitiados. De esta forma, convertidos los infantes en albañiles, se levantará una ciudad-campamento que, según los cronistas de la época fue “orgullo y motivo de jactancia para sus constructores”. La ciudad, murada y torreada, tenía una fosa alrededor de toda ella, unas cavas llenas con el agua del próximo Genil y cuatro puertas que son las que aún hoy podemos admirar. Para realizar esta magna obra en el breve plazo de 80 días, las tareas se reparten entre las diversas Órdenes Militares presentes en la campaña y los Concejos de las distintas ciudades que cooperan en la guerra. Cada ciudad construyó un cuarto del trazado cuadrangular: Jerez, Jaén, Sevilla y Córdoba, auxiliadas por otros concejos y Órdenes.
          La propia Reina Católica ideó el plano, siguiendo el modelo de los campamentos romanos, expresado en Puerto Real (Cádiz) y, sobre todo, en la burgalesa Briviesca, edificándose a escuadra, casi rectangular, cruzada por dos calles principales y, en la encrucijada de ambas, una amplia Plaza de Armas. En los extremos de la cruz, cuatro fuertes en los puntos cardinales, con otras tantas puertas.
          Es en estos momentos cuando tres fechas claves quedarán marcadas en la historia santafesina: el 2 de octubre de 1491 finalizan las obras de la Ciudad; el 25 de noviembre de ese mismo año se firman las Capitulaciones para la rendición y entrega de Granada, y el 17 de abril de 1492, ya acabada la guerra, se produce en el Real santafesino la firma del acuerdo entre los Reyes Católicos y Cristóbal Colón que traerá como consecuencia el descubrimiento de América: las Capitulaciones de Santa Fe.
          El acontecer posterior queda magníficamente reflejado en el Archivo Histórico Municipal que conserva el devenir, día a día, de la villa desde su fundación (Libro de la Fundación, Privilegios y Repartimiento) hasta la contemporaneidad.
          Durante los siglos que siguieron a estos acontecimientos, Santa Fe gozó de innumerables privilegios, llegando a ser una de las más importantes villas de la España del Siglo de Oro. Así lo demuestra la presencia de los conventos y del Cabildo.
          Poco queda hoy de las primitivas construcciones. Asentada en zona sísmica, los terremotos de 1806 convirtieron la ciudad en un montón de ruinas. Tanto que incluso se pensó en trasladarla a un emplazamiento más seguro.
          Por este motivo, la Iglesia actual no es la mandada construir por los Reyes Católicos, ya muy deteriorada por un temblor anterior. Sobre su mismo solar, el 10 de febrero de 1774 se coloca la primera piedra del presente templo. Se le había dado el encargo a Ventura Rodríguez, quien trabajara en la basílica del Pilar de Zaragoza y en el Palacio Real de Madrid, pero va a ser el arquitecto Domingo Antonio Loys de Monteagudo, de la Real Academia de San Fernando, el que lleve a cabo las obras de la misma, en estilo neoclásico, las que acaba en nueve años .
          El Pósito, situado en la antigua Plaza de Armas (hoy de España), es un típico ejemplo de la arquitectura civil y administrativa del reinado de Carlos III. La función que un día tuvo como almacén de trigo y cereales y administración de los mismos nada tiene que ver con la que hoy ejerce, de carácter cultural.
          En esa misma plaza de la Iglesia y del Pósito se encuentra el Ayuntamiento, obra de estilo neomudéjar con tres plantas y ático,  construido en 1931 sobre proyecto del arquitecto catalán Francisco Fábregas Vehil. En su fachada, 22 placas de cerámica vidriada recogen los escudos nacionales de los países de Hispanoamérica.
          Otro monumento importante de Santa Fe es la ermita del Cristo de la Salud. En 1498, los gallegos que en gran número habían llegado a Granada se encargaron de construir una ermita que tomó el nombre de Nuestra Señora de los Gallegos. Arruinada la primitiva, fue reconstruida en 1678 según consta en Acta del Cabildo de 29 de abril de ese mismo año. Tiene un camarín barroco con una bella imagen de Cristo Crucificado. Fue restaurada en 1965 por suscripción popular.
          Pero tal vez lo más santafesino sean las cuatro primitivas puertas. Al norte, la de Jaén, con una capilla dedicada a la Virgen de Belén; al sur, la de Sevilla, con la advocación a la Virgen de los Dolores; al este, la Puerta de Granada, con la capilla de la Virgen del Rosario y al oeste la Puerta de Jerez, hoy de Loja, dedicada a la virgen del Carmen. En ella figura una placa con la inscripción latina siguiente: Rex Ferdinandus, Regina Elisabet, urbem quam cernis, mimima constituere die adversus fides erecta est ut conterat hostes. Hic censet die nomine Sancta Fides (“El rey Fernando y la Reina Isabel levantaron en muy pocos días esta ciudad que ves. Se erigió para destruir a los enemigos de la fe y por eso debe llamarse Santa Fe”).
          En la prolongación de la calle de Colón, pasada la puerta de Jaén, se encuentra el monumento dedicado a Cristóbal Colón, obra del artista salvadoreño Mauricio Jiménez Larios, inaugurado el 12 de octubre de 1981.
          El 19 de abril de 1992, con ocasión del Vº Centenario de la Firma de las Capitulaciones, SS.MM. los Reyes, acompañados de S.A.R. el Príncipe de Asturias y de la Infanta Dª Cristina, inauguraron el edificio construido justo en el lugar donde se acordó el documento: el Instituto de América, Centro “Damián Bayón”, obra del arquitecto José Seguí. Este Centro cuenta con un excelente auditorio, biblioteca y magníficas salas de exposiciones.
          Entre las conmemoraciones  referidas a América en esta Santa Fe que se intitula “Cuna de la Hispanidad” destacan la fiesta del 12 de octubre, fecha del Descubrimiento y, sobre todo, la de las Capitulaciones.
          El 17 de abril tiene para Santa Fe una especial importancia. Comenzó a celebrarse ya en el siglo XIX si bien no se materializó con el actual carácter de gran fiesta local hasta 1980, año en que la Diputación Provincial de Granada  y el Ayuntamiento santafesino asumieron su organización. La filatelia ha estado presente desde el primer momento, con veintisiete exposiciones consecutivas del Ciclo CAPITULACIONES en las que, en ocasiones, también han participado algunos países de Hispanoamérica.
          Como muestra de su indubitable vocación americana, esta Santa Fe, “Puerta de América”, a partir de 1981 se ha hermanado con muchas ciudades del Nuevo Mundo: Santa Fe de Rosario (Argentina), Santa Fe de Bogotá (Colombia), Santa Fe de Nuevo México (EE. UU.), Santa Fe Playa, de La Habana (Cuba), San Miguel Allende, de Guanajuato (México), Magdalena del Mar, de Lima (Perú), Ocotal (Nicaragua), Santa Cruz de Guanacaste (Costa Rica), Santa Fe de Suerte (Venezuela), Ambato (Ecuador), Valparaíso (Chile)...  No se olvide que Santa Fe ha prestado su nombre  a muchas ciudades y accidentes geográficos de allá: seis en Venezuela, cinco en Estados Unidos, cuatro en México, dos en Cuba, Ecuador y Perú y al menos uno en Argentina, Colombia, Filipinas, Honduras, Nicaragua y Panamá.