SANTA FE, NUEVO MÈXICO
LA CIUDAD MÁS SEPTENTRIONAL DE LA NUEVA ESPAÑA

Alberto Jiménez Cordero

          Los primeros habitantes del actual territorio norteamericano de Nuevo México eran amerindios de la cultura anasazi. En el siglo XVI, cuando se produjeron los primeros contactos con los europeos, en la región se encontraban una serie de tribus que compartían este territorio de forma relativamente pacífica. Pueblos descendientes de los más primitivos anasazi, navajos y apaches descendientes de los athabascos que se habían desplazado hacia el sur desde lo que hoy es Canadá y en menor número a los hopi, descendientes de los mogollón.
          Francisco Vázquez de Coronado, gobernador de la Nueva Galicia, con anuencia del Virrey reunió una gran expedición en Compostela entre 1540-1542 para explorar y encontrar las Siete Ciudades de Oro míticas de Cíbola que describió Cabeza de Vaca; los hombres de Coronado hallaron varios pueblos de casas de barro cocido en 1541, pero no se encontró ninguna ciudad rica en oro. Más adelante, otras expediciones por el Sur-Oeste o por las Grandes Llanuras tampoco consiguieron encontrar las fabulosas ciudades. Mudos testigos de estas expediciones son las ruinas de los primitivos asentamientos permanentes construidos de barro que recordaron a los españoles sus poblaciones de adobe y de donde derivó el nombre de “indios pueblo”.
          Ha trascurrido más de medio siglo desde la incursión de Coronado hacia el norte del territorio de la Nueva España con sus imaginadas y ocultas riquezas. El Maese de Campo, general don Juan de Zaldivar y Oñate, organiza una nueva expedición que, partiendo de Zacatecas y a través de las minas de Santa Bárbara y Valle de San Bartolomé que eran las poblaciones más septentrionales de la Nueva Vizcaya, extiende el llamado Camino Real más de 600 millas y funda la colonia de San Juan en Río Grande en 1598 que fue la primera población española permanente en este vasto territorio.  Más tarde, Juan de Oñate fue nombrado primer gobernador de la nueva Provincia a la que se impuso el nombre de Nuevo México. Los indígenas en Acoma se rebelaron contra esta invasión española, el levantamiento no fructifico y sufrieron un severo castigo.
          En 1609, Don Pedro de Peralta, gobernador de la Provincia de Nuevo México, funda La Villa Real de Santa Fé de San Francisco de Asís al pie de la Sierra de la Sangre de Cristo. La ciudad, junto con la mayor parte de las áreas colonizadas del estado, fue abandonada por los españoles durante 12 años entre1680 y 1692 a consecuencia de la exitosa rebelión de los indios pueblo, que lograron expulsar a los españoles hasta El Paso. Después de la muerte del líder pueblo, Popé, Diego de Vargas restauró en 1692 el dominio español en la zona trayendo nuevos colonos y desarrollando a Santa Fe como un centro comercial.

El Territorio Mexicano
Mapas y Planos siglos XVIII y XIX; Instituto Mexicano del Seguro Social

México, 1982
Mapa Nueva España
Camino Real México a Santa Fe: 721½ leguas
México – Querétaro: 54 leguas al NO.; Querétaro – Guanajuato: 38½ leguas al O. NO.; Guanajuato – Zacatecas: 78 leguas al N. NO.;
Zacatecas – Durango: 71 leguas al NO.; Durango – Chihuahua: 170 leguas al N. NO.
Chihuahua – Paso del Nort: 92 leguas al NE.; Paso del Norte – Santa Fe: 218 leguas al NE

          La consolidación y expansión de la colonia hacia lo que ahora es el sur de Colorado y el este de Arizona continuó durante el siglo XVIII y principios del XIX. Durante este periodo la población de Santa Fe tenía fuertes vínculos con la capital de la Nueva España, ya que el "Camino Real de Tierra Adentro" la comunicaba directamente.
          Santa Fe fue la sede provincial española hasta el comienzo del movimiento armado que culminaría con la independencia de México en 1821. Tres años más tarde, en 1824, a su vez el territorio de Nuevo México se independizó de la incipiente República Mexicana.
          Durante la colonia española, las comunicaciones postales desempeñaron dos funciones: una, para mejorar y apoyar el comercio y la otra, para desarrollar una integración política y estratégica del Estado con una eficiente transmisión de órdenes y una buena recepción de información.
          Las marcas postales de los correos existentes en la época colonial española presentan diferentes aspectos y el conocimiento de su historia postal que por el escaso número de piezas conservadas en algunos casos es muy limitado, puede dividirse en dos grandes épocas: La primera desde el comienzo del trasporte público regularizado de la correspondencia en 1739, fecha de la marca postal más antigua conocida que corresponde al Correo Mayor de Veracruz y hasta 1776, existiendo en este periodo para las líneas interiores 12 oficinas de correos principales y 6 agregadas a éstas, siendo las ubicadas hacia los territorios del norte de la Nueva España las de Zacatecas, Fresnillo con su agregada Sombrerete y Durango, con su agregada Bolaños.
          Las cartas anteriores a 1732 no presentan marcas postales y hasta 1760, por alguna razón no documentada, el uso de marcas de origen no se popularizó por lo que es rarísimo encontrar cartas o envueltas con dichas marcas y sólo en algunas se estampaba el porte correspondiente.
          Hacia 1758 aparecen marcas postales en Zacatecas y a partir de 1760 en ciudades de importancia como San Luis Potosí, Valladolid y Querétaro. Una de las razones del escaso número de cartas coloniales de la época de los Correos Mayores con marcas postales puede ser el hecho de que se formaban paquetes y la marca de origen solo se aplicaba a la carta que quedaba en la parte superior de los mismos.
          La segunda época comprendida a partir de 1776, con la fusión de los correos terrestre y marítimo, que pasaron a depender de la Superintendencia de Correos de Madrid  se extiende hasta el final de la dominación española en 1821.
          El gobierno de Carlos III decreta en 1776 la suspensión del cargo de Correo Mayor para hacer del servicio postal una empresa que beneficie al Estado. El nuevo jefe de correo se llamara simplemente administrador y devengara un suelo de $ 2,000.00 anuales; el primer nombramiento de administrador recae en Domingo Antonio López, quien ejerce su cargo hasta 1779. La Oficina de la Nueva España quedo como administración principal, se mantuvieron las estafetas ya existentes como agregadas u oficinas agregadas y posteriormente se llamaron administraciones subalternas.
          A partir de 1775, se inicia el uso de marcas de porteo que se regularizo a partir de la fusión de los correos terrestre y marítimo al siguiente año.  Las indicaciones establecidas por la Administración Central en la ciudad de México no eran obedecidas cabalmente por la dificultad de obtener la tinta negra para sellos con porte pagado y tinta roja para sellos con porte por cobrar. Esta deficiencia fue más notoria en las ciudades alejadas de la metrópoli como Santa Fe en Nuevo México.
          En 1779 se inaugura el correo mensual a los presidios de la frontera norte, bahía del Espíritu Santo, a los pueblos de Nuestra Señora del Pilar y de Bucareli en la provincia de Texas, con enlaces hasta Santa Fe.
          El Gobierno de las provincias internas fue formado en el año de 1780 y comprendía las antiguas provincias de Nueva Extremadura, Nuevo Reino de León, Nuevo México, Nuevo Santander y Texas.
          Para 1791, por decreto del virrey don Juan Vicente Güemez  y Pacheco, se instauró un plan donde se consignaban los días y las horas en que debían salir y entrar en las “caxas” del virreinato los correos de las diversas carreras y sus transversales como la “Carrera de Tierra Adentro” de México a Durango y viceversa, que era la comunicación lógica hacia el norte a través del enlace con  Chihuahua y Arizpe  para alcanzar Santa Fe en la provincia de Nuevo México. Trayecto lento, lleno de peripecias y peligros que no favorecía una comunicación expedita entre la capital del Virreinato y la ciudad provincial más septentrional de sus dominios.

Nuevo Mexico

          La marca postal más antigua que se conoce de la provincia de Nuevo México data de 1800; es una marca lineal en color negro con un grado de rareza de 10/10 y que aquí se muestra.

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Referencias

  1. CARRERA STAMPA, Manuel: Historia del Correo. Secretaria de Comunicaciones y Transportes. México 1970.
  2. CÁRDENAS DE LA PEÑA, Enrique: Historia de las comunicaciones y los transportes en México: El Correo. Secretaria de Comunicaciones y Transportes. México, 1987.
  3. GOJMAN DE BACKAL, Alicia: Historia del Correo en México. Miguel Ángel Porrua, Grupo Editorial. Servicio Postal Mexicano. México 2000.
  4. MARTÍNEZ RODRÍGUEZ,J., URQUIAGA BLANCO, J., PRADO NÚÑEZ, M., SCHROEDER CORDERO, F., FERNÁNDEZ TERÁN, C. :El Correo en México. Servicio Postal Mexicano. México 2000.
  5. YAG, Otto, BASH, John: The pre-stamp postal markings of Mexico. A publication of The Elmhurst Philatelic Society, Inc. Illinois, USA. 1965.